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Detroit sirve como excusa para sacarse el clavo

Los Medias Blancas llegan hoy a Chicago con la barrida acuestas, sufrida por los Angelinos de Los Ángeles, el pasado fin de semana en Anaheim.

Quizás llegar a casa sirva para recomponerse y continuar batallando como se ha hecho durante toda la temporada. Sin embargo, lo vivido la semana anterior no es fácil de asimilar, aunque recordemos que en el béisbol hay que tener memoria corta, al ser un juego en el que se actúa a diario y con una campaña de 162 encuentros.

Más allá de la barrida sufrida por los Angelinos, lo realmente devastador del saldo que dejó la semana pasada (2-4) fueron las derrotas sufridas el lunes y el sábado, especialmente esta última.

El lunes, en el inicio de la serie de tres ante los Dodgers, José Quintana realizó una sólida labor, compitiendo ante Clayton Kershaw, pero su defensa lo abandonó y el equipo se derrumbó, desperdiciando una ventaja de 2-0 en el sexto inning, en el que debido a dos errores (uno de Gordon Beckham y otro de Conor Gillaspie) la novena de Los Ángeles fabricó cinco carreras, todas sucias a la cuenta del colombiano.

Esa debió haber sido una victoria para Quintana y para los Medias Blancas. Pero así es el béisbol y no se puede culpar a nadie, porque los mismo hombres que pecaron en esa oportunidad han salvado en múltiples oportunidades no solo al colombiano, sino también al equipo. Pero lo que frusta es que en esa oportunidad los fallos fueron en jugadas de rutina, en acciones en las que no se requirió un esfuerzo excepcional. Simplemente se erró y por ahí se fue el juego.

Pero luego de ese encuentro el equipo logró recuperarse y ganar los dos últimos encuentros de esa serie para salir airosos del Chávez Ravine.

Lo más difícil ocurrió el fin de semana, específicamente el sábado, en Anaheim.

Ese día los Medias Blancas contaron con una extraordinaria labor de quien en este momento debe ser el mejor lanzador del béisbol, Chris Sale.

El zurdo maniató a los Angelinos durante los primeros siete episodios, en los que apenas permitió tres hits, el primero de ellos en el cuarto inning y del bate de Josh Hamilton, quien fue un verdugo ante los Medias Blancas en esa serie.

Sale había estado dominante, pero ya en el séptimo inning había comenzado a dar señas de cuidado, porque sus pitcheos, aunque aún con fuerza, no estaba teniendo la misma ubicación que durante las primeras seis entradas. Sin embargo, él pudo cerrar el séptimo acto en blanco, pero ya con 93 pitcheos.

En el inicio del octavo inning, un episodio que desde luego merecía iniciar el zurdo, porque había estado dominando a los Angelinos, los estaba blanqueando y tenía ventaja de cinco carreras, ya que el equipo estaba ganando 5-0; comenzaron los problemas, y nuevamente por la ubicación de sus lanzamientos, muestra quizás de cansancio o de cualquier otra cosa, pero muestra de que no era el mismo de las primeras siete entradas.

En ese octavo inning, Erick Aybar le abrió con doble, en un turno de cuatro envíos. Luego vinieron sencillos consecutivos de Chris Iannetta y Collin Cowgill ante el primer pitcheo. Ahí ya el blanqueo se había quebrado, Sale ya había llegado a 99 envíos y los problemas para ubicar sus envíos donde quería persistían, no muy buenas señales para comenzar a enfrentarse al tope de la alineación de los Angelinos por cuarta ocasión en el encuentro.

Para ese momento, no había nadie listo en el bullpen, pese a que estaba latente la vuelta al juego de los Angelinos, un equipo al que ofensivamente no se le pueden dar oportunidades. Por si no lo saben o no lo recuerdan, los Angelinos son el tercer equipo que más carreras ha fabricado en la Liga Americana, superando incluso a los Medias Blancas; además son quintos en producción de cuadrangulares.

Lo cierto es que se confió en Sale, el mejor lanzador del momento, a quien los Medias Blancas había estado llevando con cuidado en su total de lanzamientos, luego de que lo perdieran por un mes debido a molestias en el antebrazo izquierdo. Pero esta vez se confió en él, se dejaron de lados los cuidados, se obviaron las señales que había venido dando, en cuanto a la ubicación de sus pitcheos, y se pagó caro.

Tras un sencillo de Howie Kendrick, que llenó las bases, Mike Trout, sí Mike Trout, uno de los mejores bateadores de la actualidad, en cuenta de 3-2, le sacó la bola del parque, por el jardín central y empató el juego a cinco carreras. Lo demás ya es historia, el equipo terminó perdiendo 6-5.

Es cierto que el pitcheo con el que Trout dio el grand slam era un buen pitcheo por parte de Sale, un cambio afuera y bajito. Pero Trout es lo mejor de lo mejor.

Después de esa desgarradora derrota, que dejó el ánimo quebrado, el equipo salió el domingo a competir y batallar, de la misma forma en la que lo han hecho durante toda la temporada, solo que en esta oportunidad, a diferencia del segundo encuentro ante los Dodgers, quitarse el golpe del sábado no fue fácil, incluso no ocurrió y los Angelinos nos echaron barridos de Anaheim.

Sin duda, que ese no era el escenario en el que se quería llegar a casa hoy, cuando se comienza una serie de cuatro encuentro ante los Tigres de Detroit, frente a los que se tiene una desventaja de cuatro juegos y medio en la División Central de la Liga Americana. Pero quizás esa situación de enfrentar a los archirrivales de la división sirva como motivo para olvidar el pasado reciente y sirva como clavo para sacar al que nos dejaron los Angelinos, para eso hay que ganarles, al menos tres de los cuatro juegos, jugar una pelota de alto nivel, con emoción. Y todo eso hay que comenzar a hacerlo hoy. No hay razón para pensar que no se puede hacer. Los ChiSox son un equipo competitivo y batallador, que no renuncia.

 

La primera impresión siempre cuenta

El primer día de la temporada siempre genera emociones, por ser el día en el que se inicia el béisbol y el día en el que todos los equipos están igualados y todos aspiran a tener un gran año. Precisamente por esto último es que para muchos es importante aprovechar el ambiente de ese día inaugural para mostrar parte de lo que se verá en el camino de los 162 juegos que cubren la ronda regular.

En el caso de los Medias Blancas esa primera impresión fue buena y mostró lo que esperábamos y esperamos se mantenga durante esta temporada, un equipo dinámico, con Adam Eaton imprimiéndole energía al juego, con su velocidad, su capacidad para embasarse y para poner la bola en juego.

También estuvo presente el sello que José Abreu, quien también exhibió lo que se puede esperar de él y más. El cubano bateó de 4-2 en su estreno. En su primer turno al bate conectó un doble al jardín derecho. Luego, con corredor en posición de anotar, ligó un sencillo al bosque izquierdo con el que consiguió su primera remolcada en las mayores.

El trabajo que hacen y el cuidado que infunden los hombres que estarán en la parte media de la alineación (Abreu, Adam Dunn/Paul Konerko y Avisail García) fue aprovechado por Alejandro De Aza, quien por primera vez en su carrera conectó dos jonrones en un encuentro y en el de ayer esos dos cuadrangulares marcaron la diferencia.

Esto último, el provecho que saquen los bateadores que estén alrededor del núcleo ofensivo en la parte media será importante en la producción de los Medias Blancas, porque mientras mayor ventaja tomen ellos (Conor Gillaspie, De Aza/Dayán Viciedo y Alexei Ramírez) mayor será la productividad del equipo. Ayer se dio una muestra.

El pitcheo, con Chris Sale al mando, estuvo a la altura, incluyendo el trabajo del bullpen, que no permitió libertades.

Los Medias Blancas dieron una muestra fiel de lo que podemos ver de ellos en los próximo 161 juegos que restan en la campaña.

Será emocionante.

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