junio 2014

Buena señal para el pitcheo abridor

Durante la mayor parte de la temporada el pitcheo de los Medias Blancas de Chicago ha sido inconsistente en todas sus líneas, incluyendo el abridor, en el que solo José Quintana y John Danks se han mantenido lanzando, sin pausa, desde el arranque de la campaña.

En ese staff de iniciadores las lesiones de Chris Sale, se perdió un mes por problemas en su antebrazo izquierdo, y Felipe Paulino, hombro derecho, afectaron el rendimiento del cuerpo de abridores, así como la propio oportunidad desaprovechada por el novato Erik Johson.

Ante esos inconvenientes los Medias Blancas han utilizado a Héctor Noesí, André Rienzo y Scott Carroll como iniciadores eventuales, lo que tampoco le ha dado consistencia a la rotación del equipo.

En la última semana, sin embargo, el cuerpo de abridores de los ChiSox dio una señal positiva en ese camino a buscar la consistencia que no han podido alcanzar en toda la campaña. En los tres juegos de la serie ante los Orioles de Baltimore y en los cuatro frente a los Azulejos de Toronto, los iniciadores de los Medias Blancas fueron efectivos, salvo una excepción (Carroll).

El staff de abridores la semana anterior permitió 14 carreras en siete juegos, pero de esas anotaciones solo nueve fueron aceptadas por los regulares de la rotación, ya que Carroll, quien ha estado como relevo e iniciador, tuvo una apertura en la que toleró cinco carreras.

Si sacamos el promedio nos damos cuenta que los iniciadores de los Medias Blancas aceptaron dos carreras por encuentro en la semana anterior, en la que se enfrentaron a dos de los equipos más ofensivos de Grandes Ligas en esta campaña. Eso, sin duda, debe ser tomada como una buena señal.

 

José Quintana se puso los pantalones

Esta semana en medio de la cadena de cinco derrotas que tenían los Medias Blancas, el manager del equipo, Robin Ventura, arengó a sus peloteros invitándolos a tomar la responsabilidad de la situación y a dar un paso adelante para salir de ella.

Fue en ese momento en el que Ventura dijo: “necesitamos ponernos los pantalones”. Fue ahí cuando entonces el zurdo colombiano, José Quintana, salió al frente y, sin mucho escándalo, tomó la batuta el liderazgo.

El zurdo primero frenó a los Orioles de Baltimore, para cortar esa cadena de derrotas del equipo, y luego maniató a los Azulejos de Toronto, para darle a los Medias Blancas su tercer triunfo en la serie de cuatro ante los Azulejos de Toronto.

En las dos presentaciones que tuvo en la semana, Quintana acumuló 14 entradas, en las que solo aceptó nueve hits y una carrera, ponchó a 14 y dio cinco bases por bolas. Además se llevó la victorias en ambas presentaciones.

Ese trabajo combinado del colombiano debe servirle para ser considerado para la distinción al mejor pelotero de la semana, en la Liga Americana. Un premio que podría ganar por primera vez en su carrera.

Sin embargo, y más allá de ser nombrado para esa distinción, el zurdo demostró una vez más, como lo ha hecho desde su debut en Grandes Ligas, el 7 de mayo del 2012, su aplomó y capacidad para salirle al frente a las adversidades y darle la oportunidad al equipo de ganar, en cada una de sus presentaciones.

La consistencia y actitud de Quintana son sus principales virtudes como lanzador, junto, obviamente, con su talento para lanzar strike. Esa cualidades lo han llevado a ser uno de los líderes en el pitcheo de los Medias Blancas y por tanto uno de los pitchers más confiables del equipo. Esta semana lo volvió a demostrar.

 

El mito de la culpa ofensiva

Los Medias Blancas han perdido cuatro juegos consecutivos y han caído en la peor marca de la campaña. Por primera vez, el conjunto del sur de Chicago tiene seis juegos por debajo de la marca de .500.

Ante el pobre desempeño del equipo que dirige Robin Ventura ya hay muchos señalando culpables y responsables, pero hay que ser honestos, jugar a ser jueces en estos momentos tampoco es muy responsable, así como echarle la culpa de todo a un área u otra del equipo.

Lamentablemente, los Medias Blancas han sido un conjunto irregular durante todo lo que va de temporada. Cuando el equipo ha bateado, y bien que lo ha hecho durante la mayor parte de la campaña, el pitcheo no ha estado presente y viceversa.

Entre quienes quieren un culpable hay los que señalan a la ofensiva del equipo como la responsable del mal momento que se vive, solo porque el equipo, en las ocho derrotas que tienen en los últimos diez juegos, ha hecho 35 carreras, bateando solo para .245.

Sin embargo, repasemos que la ofensiva de los Medias Blancas a lo largo de la temperada es la quinta con más carrera producidas en la Liga Americana, con 333; además es la cuarta con más encuentros de cuatro o más carreras, con 43, y es sexta en carrera por juego, con un promedio de 4.38.

¿Cómo entonces echarle la culpa a una ofensiva que está entre las más productivas de la liga?

Muchos se olvidan que para esta temporada una de las bases en las cuales estaba sustentada el éxito del equipo era el pitcheo, pero tras 76 juegos el staff de pitcheo ha dejado una gran deuda pendiente y es ahí por lo que el equipo no ha encontrado regularidad en la campaña.

El pitcheo de los Medias Blancas ha tenido esporádicos tiempos de consistencia.

El staff de lanzadores de Chicago registra la segunda peor en efectividad (4.39) y whip (1.42) de la Liga Americana, es el que más bases por bolas tiene (289). Además en 47 juegos han aceptado cuatro o más anotaciones, ubicando en el tercer lugar en lado negativo de ese departamento. Todo eso ha creado una bomba de tiempo para los Medias Blancas que poco a poco ha comenzado a explotar sin que se haya encontrado la manera de detenerla.

Poniendo esos números en contextos nos damos cuenta que mientras que la ofensiva, una de las más productivas de la liga, registra un promedio de 4.38 carreras por juegos, el pitcheo concede 4.39.

En otra comparación tenemos que mientras que el equipo acumula 43 juegos de cuatro o más carreras producidas por la ofensiva, el pitcheo tiene 47 juegos de cuatro o más carreras permitidas.

¿Se entiende el punto ahora?

Sí, exacto. Es el pitcheo el que ha defraudado en lo que va de campaña. La ofensiva ha hecho su trabajo, claro que uno quisiera que todos los días se hicieran diez o doce carreras, pero eso es vivir en un mundo imaginario, porque la ofensiva es una de las áreas más variantes del béisbol, es por ello que aún cuando se falla en siete de diez veces todavía se dice que es bueno, sobresaliente.

Así que no todo es culpa de la ofensiva, dejemos el mito creado por la repugnante actuación ofensiva del equipo en el 2013.

Lazos cubanos

Los Medias Blancas de Chicago han por décadas una estrecha relación con los peloteros latinos y con todo el talento que hay en los país caribeños.

Esa relación data del año 1922, cuando el cubano, José Acosta, se convirtió en el primer latino en jugar con los Medias Blancas. Después de él estuvo el venezolano, Alfonso “Chico” Carrasquel, el cubano, Minnie Miñoso, y de ahí una avalancha de latinos hasta el día de hoy, en el que hay cuatro cubano, dos venezolanos y cuatro dominicanos.

Lo más llamativo, sin duda, es el hecho de tener en este momento a cuatro cubanos, siendo los Medias Blancas el primer equipo desde 1960, cuando lo hizo Cleveland, en tener desde el inicio de una campaña a cuatro isleños en su roster.

Ante esa situación y por la historia que ata a la organización de Chicago con los cubanos, esta mañana se realizó un evento para explicar el impacto que estos jugadores, representados hoy en José Abreu, Alexei Ramírez, Dayán Viciedo y Adrián Nieto, tienen en el equipo y en el béisbol, junto, desde luego, con sus otros compatriotas que hacen vida en los otros equipos de las mayores.

En el acto, además de Abreu, Ramírez, Viciedo y Nieto, estuvieron presentes Orlando “Duque” Hernández y Minnie Miñoso. Todos en medio de una conversación moderada por el periodista cubano de ESPN, Pedro Gómez, expresaron sus experiencia en Grandes Ligas, con los Medias Blancas y con el nuevo mundo, tras su salida de Cuba.

Aquí les dejamos algunos quotes durante este encuentro.

Minnie Miñoso

- Le doy las gracia a los Medias Blancas de Chicago por abrirnos las puertas para jugar en este nivel. Les pido que mantengan abiertas las puertas para todos.

- Todos los días yo juego con ustedes (con los cubanos que actualmente se desempeñan en el equipo), como mentor, porque físicamente no puedo, pero si mentalmente. Yo estoy ahí junto a ustedes cada vez que salen al terreno y hacen algo.

Orlando “Duque” Hernández

- Quiero disculparme con la organización por haberme ido de la forma en la que lo hice, cuando creo que debí haberme quedado. A veces uno se arrepiente de las decisiones que uno toma, pero a veces es muy tarde cuando eso pasa. Aquí me trataron muy bien.

- Lo que estamos viendo ahorita con la presencia de peloteros cubanos en Grandes Ligas es muy importante, porque esa representación la perdimos durante un tiempo. En Cuba todavía hay mucho talento, porque allá comemos béisbol, pero hacen falta muchas otras cosas más.

- Los peloteros cubanos van a seguir llegando. Los refuerzos, para respaldar a esa generación que representó Minnie, se tardaron un poco en llegar, pero poco a poco hemos estado llegando y van a seguir llegando.

- La mayor diferencia aquí con respecto al béisbol de Cuba es que aquí se respeta al pelotero, se le trata bien. Mientras allá uno va en bicicleta, aquí uno maneja un carro. Mientras allá a veces no hay ni que comer, aquí uno se come un steak.

- Lo que queremos es una Cuba libre. No le deseo la muerte a nadie, solo que haya libertad en Cuba para nosotros poder volver.

Alexei Ramírez

- José Contreras fue una gran influencia para venir acá, para salir de Cuba y firmar con los Medias Blancas. Cuando firmé con el equipo sentí una gran emoción, pero no fue completa porque no estaba con mi familia.

- Me siento feliz de jugar con los Medias Blancas, la gente me ha acogido muy bien.

- A mi me gusta jugar todos los días, porque uno está acostumbrado a hacerlo en Cuba y mientras uno tenga fuerza quiere estar en el terreno.

José Abreu

- La diferencia entre el béisbol de Cuba y el de aquí es muy grande, especialmente en la parte táctica, en la preparación y en la forma de jugar.

Dayán Viciedo

- En la adaptación aquí lo más difícil es el clima, que es muy frío, pero uno poquito a poquito se va tratando de acostumbrar, aunque no es algo fácil.

Sentir mundialista

Dayán Viciedo -Brasil-, José Quintana -Colombia-, Javy Guerra -México-, André Rienzo -Brasil-, Adam Eaton -Estados Unidos-, Alexei Ramírez -Argentina-, y José Abreu -Francia- posaron con las camisetas de sus selecciones favoritas en la Copa del Mundo Brasil 2014

Dayán Viciedo -Brasil-, José Quintana -Colombia-, Javy Guerra -México-, André Rienzo -Brasil-, Adam Eaton -Estados Unidos-, Alexei Ramírez -Argentina-, y José Abreu -Francia- posaron con las camisetas de sus selecciones favoritas en la Copa del Mundo Brasil 2014

La fiebre del mundial Brasil 2014 ha inundado a los jugadores de los Medias Blancas de Chicago.

Este viernes, en el inicio de la Copa del Mundo 2014, los integrantes de los ChiSox vistieron las camisetas de sus equipos favoritos en la máxima cita futbolística del planeta.

Andre Rienzo, desde luego, era el más orgulloso de todo, al portar la camisa de su país, Brasil, que además es el anfitrión el evento. Alexei Ramírez llevaba la de Argentina, con el número diez de Lionel Messi. Adam Eaton portaba la de su selección, Estados Unidos. Dayán Viciedo tenía la de Brasil. El barranquillero, José Quintana, llevaba la de Colombia, apoyando a su país. José Abreu, por su parte, se vistió con la de Francia. Mientras que Javy Guerra vestía la de México.

En medio de este grupo y debido a la pasión que desata el mundial, Rienzo y Ramírez hicieron una amistosa apuesta, en la que si Brasil gana el campocorto tendrá que ponerse la camiseta canarinha y posar con ella, mientras que si es Argentina la que gana el mundial será el brasileño el que se vista con la albiceleste.

“Alexei no sabe nada de fútbol. Nosotros vamos a ganar. Espero que así sea, porque si perdemos y me tengo que poner la camisa de Argentina y tomarme una foto no sé donde me voy a meter cuando regrese a mi país”, dijo Rienzo.

Durante el primer tiempo del partido inaugural, entre Brasil y Croacia, en el dugout de los Medias Blancas todo lo que se conversaba era de fútbol y lo que se ligaban eran goles, no jonrones, ni ponches. Esa es la fiebre del mundial.

Detroit sirve como excusa para sacarse el clavo

Los Medias Blancas llegan hoy a Chicago con la barrida acuestas, sufrida por los Angelinos de Los Ángeles, el pasado fin de semana en Anaheim.

Quizás llegar a casa sirva para recomponerse y continuar batallando como se ha hecho durante toda la temporada. Sin embargo, lo vivido la semana anterior no es fácil de asimilar, aunque recordemos que en el béisbol hay que tener memoria corta, al ser un juego en el que se actúa a diario y con una campaña de 162 encuentros.

Más allá de la barrida sufrida por los Angelinos, lo realmente devastador del saldo que dejó la semana pasada (2-4) fueron las derrotas sufridas el lunes y el sábado, especialmente esta última.

El lunes, en el inicio de la serie de tres ante los Dodgers, José Quintana realizó una sólida labor, compitiendo ante Clayton Kershaw, pero su defensa lo abandonó y el equipo se derrumbó, desperdiciando una ventaja de 2-0 en el sexto inning, en el que debido a dos errores (uno de Gordon Beckham y otro de Conor Gillaspie) la novena de Los Ángeles fabricó cinco carreras, todas sucias a la cuenta del colombiano.

Esa debió haber sido una victoria para Quintana y para los Medias Blancas. Pero así es el béisbol y no se puede culpar a nadie, porque los mismo hombres que pecaron en esa oportunidad han salvado en múltiples oportunidades no solo al colombiano, sino también al equipo. Pero lo que frusta es que en esa oportunidad los fallos fueron en jugadas de rutina, en acciones en las que no se requirió un esfuerzo excepcional. Simplemente se erró y por ahí se fue el juego.

Pero luego de ese encuentro el equipo logró recuperarse y ganar los dos últimos encuentros de esa serie para salir airosos del Chávez Ravine.

Lo más difícil ocurrió el fin de semana, específicamente el sábado, en Anaheim.

Ese día los Medias Blancas contaron con una extraordinaria labor de quien en este momento debe ser el mejor lanzador del béisbol, Chris Sale.

El zurdo maniató a los Angelinos durante los primeros siete episodios, en los que apenas permitió tres hits, el primero de ellos en el cuarto inning y del bate de Josh Hamilton, quien fue un verdugo ante los Medias Blancas en esa serie.

Sale había estado dominante, pero ya en el séptimo inning había comenzado a dar señas de cuidado, porque sus pitcheos, aunque aún con fuerza, no estaba teniendo la misma ubicación que durante las primeras seis entradas. Sin embargo, él pudo cerrar el séptimo acto en blanco, pero ya con 93 pitcheos.

En el inicio del octavo inning, un episodio que desde luego merecía iniciar el zurdo, porque había estado dominando a los Angelinos, los estaba blanqueando y tenía ventaja de cinco carreras, ya que el equipo estaba ganando 5-0; comenzaron los problemas, y nuevamente por la ubicación de sus lanzamientos, muestra quizás de cansancio o de cualquier otra cosa, pero muestra de que no era el mismo de las primeras siete entradas.

En ese octavo inning, Erick Aybar le abrió con doble, en un turno de cuatro envíos. Luego vinieron sencillos consecutivos de Chris Iannetta y Collin Cowgill ante el primer pitcheo. Ahí ya el blanqueo se había quebrado, Sale ya había llegado a 99 envíos y los problemas para ubicar sus envíos donde quería persistían, no muy buenas señales para comenzar a enfrentarse al tope de la alineación de los Angelinos por cuarta ocasión en el encuentro.

Para ese momento, no había nadie listo en el bullpen, pese a que estaba latente la vuelta al juego de los Angelinos, un equipo al que ofensivamente no se le pueden dar oportunidades. Por si no lo saben o no lo recuerdan, los Angelinos son el tercer equipo que más carreras ha fabricado en la Liga Americana, superando incluso a los Medias Blancas; además son quintos en producción de cuadrangulares.

Lo cierto es que se confió en Sale, el mejor lanzador del momento, a quien los Medias Blancas había estado llevando con cuidado en su total de lanzamientos, luego de que lo perdieran por un mes debido a molestias en el antebrazo izquierdo. Pero esta vez se confió en él, se dejaron de lados los cuidados, se obviaron las señales que había venido dando, en cuanto a la ubicación de sus pitcheos, y se pagó caro.

Tras un sencillo de Howie Kendrick, que llenó las bases, Mike Trout, sí Mike Trout, uno de los mejores bateadores de la actualidad, en cuenta de 3-2, le sacó la bola del parque, por el jardín central y empató el juego a cinco carreras. Lo demás ya es historia, el equipo terminó perdiendo 6-5.

Es cierto que el pitcheo con el que Trout dio el grand slam era un buen pitcheo por parte de Sale, un cambio afuera y bajito. Pero Trout es lo mejor de lo mejor.

Después de esa desgarradora derrota, que dejó el ánimo quebrado, el equipo salió el domingo a competir y batallar, de la misma forma en la que lo han hecho durante toda la temporada, solo que en esta oportunidad, a diferencia del segundo encuentro ante los Dodgers, quitarse el golpe del sábado no fue fácil, incluso no ocurrió y los Angelinos nos echaron barridos de Anaheim.

Sin duda, que ese no era el escenario en el que se quería llegar a casa hoy, cuando se comienza una serie de cuatro encuentro ante los Tigres de Detroit, frente a los que se tiene una desventaja de cuatro juegos y medio en la División Central de la Liga Americana. Pero quizás esa situación de enfrentar a los archirrivales de la división sirva como motivo para olvidar el pasado reciente y sirva como clavo para sacar al que nos dejaron los Angelinos, para eso hay que ganarles, al menos tres de los cuatro juegos, jugar una pelota de alto nivel, con emoción. Y todo eso hay que comenzar a hacerlo hoy. No hay razón para pensar que no se puede hacer. Los ChiSox son un equipo competitivo y batallador, que no renuncia.

 

José Abreu continúa sorprendiendo

Pasar 15 días sin ver acción y regresar como si esa ausencia de los terrenos de juegos no hubiera existido no es algo que cualquiera pudiera hacer, pero si algo ha dejado claro José Abreu en Grandes Ligas es que él no es cualquier pelotero.

El primera base de los Medias Blancas continúo con su tórrido bateo a su regreso a la alineación del equipo, tras pasar 15 días en la lista de lesionados.

En los dos juegos que ha disputado desde que regreso a la acción, Abreu ha conectado sendos jonrones, para llegar a 17 en la temporada, colocándose solo a cuatro del ahora líder, Nelson Cruz. Además ha remolcado cinco carreras, acumulando ya 47, solo detrás de propio Cruz.

El primero de esos cuadrangulares se lo dio nada más y nada menos que a Clayton Kershaw, en apenas el segundo turno tras su regreso a la alineación del equipo. El segundo fue frente a Dan Haren. Ambos batamos sirvieron para poner adelante a los Medias Blancas en el marcador.

Eso que ha realizado Abreu a su vuelta a la actividad lo ha hecho sin haber ajustado ni probado su swing en situaciones reales de juego, como lo suele hacer el resto. Él apenas enfrentó a un trío de lanzadores de ligas menores que el equipo subió el fin de semana para que le lanzaran en la práctica. Ante ellos consumió alrededor de 20 turnos y solo sacó una bola del parque.

Con los 17 cuadrangulares que ya tiene, Abreu empató la marca en la historia de Grandes Ligas para un jugador en sus primeros 46 encuentros. Mientras que sus 47 carreras remolcadas lo colocaron como el tercer jugador en los anales de las mayores en alcanzar esa cifra en el mismo lapso de juegos anteriormente mencionado, Joe DiMaggio y Ted Williams son los otros que lo han hecho.

Para el cubano pareciera no haber suficiente sorpresas y marcas, pues con el ritmo arrollador que tiene a la ofensiva en cada juego su nombre se cuela entre los registros históricos de Grandes Ligas.

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